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Escucho al final solo mi pisada y reconozco
la voz íntima que reverbera en el espíritu:
Todo es un merodear,
hablamos para no perdernos
en el repetido eco de lo esperado.
Sensoriales y a la vez metafísicos, los versos de Tomás Herrero invitan a acompañar a una voz en una exploración donde las palabras dejan de ser instrumentos de búsqueda para convertirse en anzuelos de plenitud, señuelos del júbilo, reverencias al misterio.
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