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Fuerza que impulsa pero también destruye, transporta las semillas, infla los velámenes, pero puede descuajar un monte y erosionar, paciente, cordilleras. Remite al espíritu —un hálito sopló el Creador para animar su creatura de barro—, y también a las pasiones: en el Infierno de Alighieri, un vendaval incesante castiga a Paolo y Francesca por haberse entregado al impulso del amor prohibido.
De viento, aire en movimiento, son las palabras, soplos de la voz. Y así como los vientos tienen nombre propio —Siroco, Mistral, Zonda, Favonio, Alisios—, estas 39 voces soplan cada una en su propia dirección, producen distintos efectos, atraviesan diversas geografías. 
Si abrir un libro es como abrir una ventana para que el viento renueve el aire, nos despierte, nos desordene los papeles…, ojalá cada lector encuentre algo propio y esencial en estas ráfagas.

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